domingo, 30 de noviembre de 2014

En la noche                                                    281114

Desde niño solía ver los postes de una manera especial, esas lámparas a lo alto no solo eran luz. Recuerdo la primera vez que vi uno, tenía una expresión extraña; era un chico como yo, más gordito, vestido en short. Me quería reír, en lugar de cabello en su cabeza, tenía el poste y hasta lo alto, el faro de luz. Le pedí que se moviera, pero no lo hizo; se negó. Al final me explicó que no podían moverse de lugar; que así eran de nacimiento. Y en ese momento me di cuenta que la ciudad estaba llena de ellos. Me puse triste, jamás podría jugar a la pelota con él. De hecho me disfracé de poste y fui a pararme al día siguiente con él. Y toda la vida cada año iba a verlo; a visitarlo y platicar con él; los dos nos vimos envejecer con los años. Un día ya no tuve fuerzas para levantarme, y esa noche soñé que era un hombre poste. Me sentí tan despierto como si esa noche durara muchos años, me vi ser niño poste, crecer en un adulto e iluminar a cada mascota que pasaba por ahí, a toda la gente que tuve enfrente. No necesitaba despertar, ahí en ese poste era feliz. Era la luz que de noche necesitaban.

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